Ayer mis planes de escribir sobre la salida a alitas se vieron frustrados por la ausencia de energía eléctrica en la oficina. Que horrible, pasé 6 horas sentada ahi sin electricidad, sin internet, sin nada... estaba por volverme loca. Bueno, ok, admito que sólo fue media hora cuando al fin se agotó la batería de mi laptop, pero fue la media hora más larga que he tenido en mucho mucho tiempo!
Al menos pude terminar de leer a Ana Frank.
Por cierto, haber leido a Ana Frank me ha hecho ser conciente de lo poco que leo últimamente asi que he tomado una nueva resolución para este año: Voy a leer mínimo un libro por semana. Como ya terminé el de Ana ahora comenzaré con Edgar Allan Poe. Y terminaré a Goethe a quien había dejado olvidado. Lo siento, Mefistófeles!
Regresando al tema original, el martes al fin pudimos volver a realizar otra noche de alitas. Disfruto especialmente estas salidas y me parecen veladas maravillosas. Creo que lo que más me deleita de estas cenas es estar rodeada de personajes tan singulares y originales como los caballeros que buenamente se ofrecen a hacerme compañía. La singularidad e inusual personalidad de cada uno de ellos es para mi como una bocanada de aire fresco ante la marea gris de aburrido conformismo y status quo en la que me veo obligada a vivir todos los dias.
Pienso que cualquier ojo ajeno nos ve sin duda como un grupo dispar y extraño, seguramente a vista de un ojo inexperto somos un grupo de pseudo intelectuales fracasados abrazados a la falacia de la bohème moderna, que hablamos de cosas necias y sin sentido mientras bebemos coca cola y devoramos kilos de pollo. La verdad es que existe en nuestro discurso un contenido implícito de vital importancia para el entendimiento de mi propia existencia, tan intricado y tan bien construido que el oido inexperto no lo percibe entre el barullo de críticas a los realities shows.
Pero ¿Dónde más puede alguien escuchar a un patético friki fracasado utilizar a Nietzche como argumento para defender su teoría del autor implicito vs el autor real?
¡Oh! Que muera el arte! ¿O es que el arte a muerto ya?
¡No! Fue Dios. Ahora es Facebook.
No queda duda de porqué Itzé y sus acompañantes salieron huyendo del sitio. Han de estar sin duda horrorizados ante tanto absurdo y seguramente la concepción pulcra que mi estimada compañera de locución tenía sobre mi ahora ostenta un gran signo de interrogación.
Aún asi, y como esperaba, le fue concedido el beneficio de la duda; supongo yo que la verdadera razón de que todos hayamos decidido eso recae en que nos hacemos la misma pregunta: ¿Es acaso potencial eso que brilla en sus adorables ojos castaños?
Quiero pensar que, si hubiera estado prestando atención, ella hubiera podido acariciar el fino borde below the line. Será hasta algún día, que decida acompañarnos sóla, cuándo juzgaremos ciertas o falsas nuestras presunciones.
Ojalá hoy si haya luz en la oficina.
-Juri-
jueves, 7 de enero de 2010
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